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 Cuentos asiáticos

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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Sáb Nov 22, 2008 7:06 pm

shaolin_style escribió:
http://kahani.animalec.com/asiaticos.html esa es una web de cuentos asiaticos

Andá posteándolos así quedan.
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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Sáb Nov 22, 2008 7:28 pm

La bolsa repleta de cuentos
(Cuento camboyano)
(Cuentos populares del mundo. Usborne Publishing, Estados Unidos ,2002.)
“Cuéntame otro cuento, por favor”, suplicó Lom. “No ya es hora de dormir”,
contestó su anciano criado. Así que el pequeño se acurrucó en la cama y pensando
en la historia que acaba de escuchar.
Desde que Lom era muy niño, el viejo criado le contaba cada noche historias
maravillosas: cuentos sobre enormes gigantes y poderosos magos, tigres feroces y
sabios elefantes, emperadores opulentos y hermosas princesas. Cada noche tocaba
una historia nueva, y a Lom le encantaba escucharlas. Sabía que el criado había
oído los cuentos de labios de su madre, su abuela, su bisabuela, y que eran
historias muy antiguas.
Lom solía alardear delante de sus amigos de saberse muchos cuentos. “¿Por qué no
nos cuenta uno?”, le pedían una y otra vez. “No –gritaba Lom-, son míos, y no se
los contaré a nadie”.
Todo el mundo sabe que los cuentos están para ser contados, pero como Lom no
los compartía con nadie, se iban quedando aprisionados en una vieja bolsa, colgada
en su habitación.
Lom siguió creciendo, acompañado por los cuentos que el viejo criado le contaba
cada noche, y se convirtió en un apuesto joven. Decidió casarse con una bonita
joven de un pueblo vecino. La noche antes de la boda, el viejo criado oyó unos
extraños murmullos en la habitación de Lom. ¿Qué será eso?”, refunfuño, y se puso
a escuchar atentamente.
Los murmullos venía de la vieja bolsa. Eran los cuentos, que charlaban entre sí
lamentándose: “Mañana se casa y por su culpa nos quedamos aquí apretujados”.
“Debió dejarnos salir”, se quejó otro cuento. “Le haremos pagarlo claro”, gritó un
tercero. “Tengo un plan”. Dijo el primer cuento. “Cuando vaya mañana al pueblo
para la boda le entrará sed. Me convertiré en pozo y, cuando beba agua, le entrará
un dolor de estómago terrible”.
“Por si el plan no funciona, yo me convertiré en sandía. Cuando se la coma, sufrirá
un dolor de cabeza espantoso”, dijo el segundo cuento.
“Yo me convertiré en serpiente y le morderé”, dijo el tercero. “Sentirá un dolor
insoportable en la pierna.” Y los cuentos se rieron cruelmente tramando su
venganza.
El viejo sirviente se quedó horrorizado. “¿Qué hago?”, se preguntó. “Tengo que
evitarlo”. El criado pasó toda la noche entera pensando como salvar al joven.
Por la mañana, cuando Lom se disponía a partir en su caballo al pueblo vecino, el
criado salió apresuradamente y agarró las bridas del animal. Guió al animal por las
colinas hasta llegar a un pozo.
“¡Alto! – gritó Lom-, tengo sed”, pero el anciano hizo seguir al caballo sin detenerse
en el pozo. Al poco llegaron a sembrado repleto de sandias. “¡Para!, gritó Lom.
“Estoy muerto de sed. Quiero una sandía”. El criado no quiso detenerse y siguieron
adelante.
Llegaron al pueblo y durante la boda el criado se pasó todo el tiempo mirando por
todas partes, pero no vio ninguna serpiente.
Al anochecer, los novios se dirigieron a su casa. Los vecinos habían cubierto todo el
suelo de la casa de alfombras.
De repente, el viejo criado entró corriendo en los aposentos de los novios. “¿Cómo
te atreves a entrar aquí de ese modo?”
El viejo criado levantó la alfombra y dejó al descubierto una serpiente venenosa. La
cogió por la cabeza y la tiró por la ventana. “¿Cómo sabías que estaba ahí?”,
preguntó Lom asustado.
El criado le habló de los cuentos apretujados en la bolsa y de sus planes de
venganza por haberlos olvidado y no compartirlos con nadie.
Desde aquel día Lom empezó a contarle los cuentos a su mujer. Uno por uno,
fueron saliendo todos los cuentos de la bolsa con gran alegría.
Año más tardes, Lom se los contó a sus hijos, y a su vez, ellos se los contaron a los
suyos.
Hoy en día se siguen contando. Lo sé muy bien, porque yo también los he
escuchado y porque yo uno de esos cuentos apretujados en la bolsa.
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fertkdwtf
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Frase : Yo soy Yo
Tú eres Tú.
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas
Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tú eres Tú
Yo soy Yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos
Será maravilloso
Si no, no puede remediarse.
Falto de amor a Mí mismo
Cuando en el intento de complacerte me traiciono.
Falto de amor a Ti
Cuando intento que seas como yo quiero
En vez de aceptarte como realmente eres.
Tú eres Tú y Yo soy Yo.

Fritz Perls

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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Sáb Nov 22, 2008 11:50 pm

Precioso!!! Smile

_________________
Fer

Dime de que alardeas y te diré de que careces...

http://lasabona.com.ar/
http://www.ciat.com.ar/

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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Dom Nov 23, 2008 12:25 am

Tres ciegos y un elefante
Leyenda Hindú
(Se lo escuché a una compañera de universidad. Recogida en la India Jalal Al-din Rumi. Existen
diferentes versiones en la red.)
Había una vez tres sabios. Y eran muy sabios. Aunque los tres eran ciegos. Como
no podían ver, se habían acostumbrado a conocer las cosas con sólo tocarlas.
Usaban sus manos para darse cuenta del tamaño, de la calidad y de la calidez de
cuanto se ponía a su alcance.
Sucedió que un circo llegó al pueblo donde vivían los tres sabios que eran ciegos.
Entre las cosas maravillosas que llegaron con el circo, venía un gran elefante
blanco. Y era tan extraordinario este animal que toda la gente no hacía más que
hablar de él.
Los tres sabios que eran ciegos quisieron también ellos conocer al elefante. Se
hicieron conducir hasta el lugar donde estaba y pidieron permiso para poder
tocarlo. Como el animal era muy manso, no hubo ningún inconveniente para que lo
hicieran.
El primero de los tres estiró sus manos y tocó a la bestia en la cabeza. Sintió bajo
sus dedos las enormes orejas y luego los dos tremendos colmillos de marfil que
sobresalían de la pequeña boca. Quedó tan admirado de lo que había conocido que
inmediatamente fue a contarles a los otros dos lo que había aprendido. Les dijo:
- El elefante es como un tronco, cubierto a ambos lados por dos frazadas, y del cual
salen dos grandes lanzas frías y duras.
Pero resulta que cuando le tocó el turno al segundo sabio, sus manos tocaron al
animal en la panza. Trataron de rodear su cuerpo, pero éste era tan alto que no
alcanzaba a abarcarlo con los dos brazos abiertos. Luego de mucho palpar, decidió
también él contar lo que había aprendido. Les dijo:
- El elefante se parece a un tambor colocado sobre cuatro gruesas patas, y está
forrado de cuero con pelo para afuera.
Entonces fue el tercer sabio, y agarró el animal justo por la cola. se colgó de ella y
comenzó a hamacarse como hacen los chicos con una soga. Como esto le gustaba a
la bestia, estuvo largo rato divirtiéndose en medio de la risa de todos. Cuando dejó
el juego, comentaba lo que sabía. También él dijo:
- Yo sé muy bien lo que es un elefante. Es una cuerda fuerte y gruesa, que tiene un
pincel en la punta. Sirve para hamacarse.
Resulta que cuando volvieron a casa y comenzaron a charlar entre ellos lo que
habían descubierto sobre el elefante no se podían poner de acuerdo. Cada uno
estaba plenamente seguro de lo que conocía. Y además tenía la certeza de que sólo
había un elefante y de que los tres estaban hablando de lo mismo, pero lo que
decían parecía imposible de concordar. Tanto charlaron y discutieron que casi se
pelearon.
Pero al fin de cuentas, como eran los tres muy sabios, decidieron hacerse ayudar, y
fueron a preguntar a otro sabio que había tenido la oportunidad de ver al elefante
con sus propios ojos.
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Oynez
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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Dom Nov 23, 2008 11:30 pm

QUE BUEN TEMA.
Quiero que sepan que los odio Mad por hacerme enganchar a leer más cosas todavía Exclamation Exclamation Exclamation

GRACIAS! Enserio doki
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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Dom Nov 23, 2008 11:38 pm

La pequeña luciérnaga.
(Cuento de Tailandia)

Había una vez una comunidad de luciérnagas que vivía en el interior del tronco de un altísimo lampati, uno de los árboles más majestuosos y viejos de Tailandia. Cada anochecer, cuando todo se quedaba a oscuras y en silencio y sólo se oía el murmullo del cercano río, todas las luciérnagas abandonaban el árbol pan llenar el cielo de destellos. Jugaban a hacer figuras con sus luces bailando en el aire para crear un sinfín de centelleos luminosos más brillantes y espectaculares que los de un castillo de fuegos artificiales.
Pero entre todas las luciérnagas que habitaban en el lampati, había una muy pequeñita a la que no le gustaba salir a volar.
—No, no, hoy tampoco quiero salir a volar —decía todos los días la pequeña luciérnaga—. Id vosotros que yo estoy muy bien en casita.
Tanto sus abuelos, como sus padres, hermanos y amigos, esperaban con ansiedad a que llegara la noche para salir de casa y brillar en la oscuridad. Se lo pasaban tan bien que no comprendían cómo la pequeña luciérnaga no les acompañaba nunca. Le insistían una y otra vez para que fuera con ellas a volar, pero no había manera de convencerla. La pequeña luciérnaga siempre se negaba.
— ¡Qué no quiero salir a volar! —Repetía la pequeña luciérnaga—. ¡Mira que sois pesados, eh!
Toda la comunidad de luciérnagas estaba muy preocupada por la actitud de la pequeña.
—Hemos de hacer algo con esta hija —decía su madre angustiada—. No puede ser que la pequeña no quiera salir nunca de casa.
—No te preocupes, mujer —añadía su padre intentando calmarla—. Ya verás como todo se arregla y cualquier día de éstos sale a volar con nosotros:
Pero pasaban los días y la pequeña luciérnaga seguía encerrada sin salir de casa.
Un anochecer, cuando todas las luciérnagas habían salido a volar, la abuela luciérnaga se acercó a la pequeña y le preguntó con toda la delicadeza del mundo:
— ¿Qué te sucede, mi pequeña niña? ¿Por qué nunca quieres salir de casa? ¿Cuál es la razón por la que nunca quieres venir a volar e iluminar la noche con nosotros?
— No me gusta volar —respondió la pequeña luciérnaga.
—Pero ¿por qué no te gusta volar ni mostrar tu luz? —insistió la abuela.
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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Dom Nov 23, 2008 11:39 pm

—Pues. —Explicó por fin la pequeña luciérnaga—, para qué he de salir si con la luz que tengo nunca podré brillar como la luna. La luna es grande y brillante y yo a su lado no soy nada. Soy tan pequeñita que a su lado no soy más que una ridícula chispita. Por eso nunca quiero salir de casa y volar, porque nunca brillaré como la luna.
La abuela escuchó con atención las razones que le dio la pequeña l ciénaga.
—¡Ay, mi niña! —Dijo con una sonrisa—. Hay una cosa de la luna que has de saber y que, por lo visto, desconoces. Y lo sabrías si al menos salieras de casa de vez en cuando. Pero como no es así, pues, claro, no lo sabes.
— ¿Qué es lo que debo saber de la luna y que no sé? —preguntó la pequeña luciérnaga presa de la curiosidad.
—Has de saber que la luna no tiene la misma luz todas las noches —Respondió la abuela—. La luna es tan variable que cambia todos los días. Hay noches en que está radiante, redonda como una pelota brillando desde lo más alto del cielo. Pero, en cambio, hay otros días en que se esconde, su brillo desaparece y deja al mundo sumido en la más profunda oscuridad.
— ¿De veras que hay noches en que se esconde la luna? —se sorprendió la pequeña.
— ¡Que sí, mi niña! —continuó explicando la abuela—. La luna cambia constantemente. Hay veces que crece y otras que se hace pequeña. Hay noches en que es enorme, de un color rojo, y otros días en que se hace invisible y desaparece entre las sombras o detrás de las nubes. La luna cambia constantemente y no siempre brilla con la misma intensidad. En cambio tú, pequeña luciérnaga, siempre brillarás con la misma fuerza y siempre lo harás con tu propia luz.
La pequeña luciérnaga se quedó asombrada ante las explicaciones de la abuela. Nunca se habría podido imaginar que la luna fuera tan variable que brillaba o que se apagaba según los días. Ya partir de entonces, la pequeña luciérnaga salió cada noche del interior del gran lampati para salir a volar con su familia y sus amigos. Y así fue cómo la pequeña luciérnaga aprendió que cada uno ha de brillar con su propia luz.
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Warrioress
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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Lun Nov 24, 2008 12:32 am

Es muy lindo!!! Snif

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La Vida:
En el mineral duerme.
En el vegetal despierta.
En el animal evoluciona.
y en el hombre adquiere conciencia.


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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Lun Nov 24, 2008 12:36 am

Todo es para bien.
(Cuento popular hindú)

El ciego y el jorobado eran dos de las personas más pobres del lugar, pero como eran muy buenos amigos, compartían casa para no tener tantos gastos. Y, con el tiempo, acabaron por complementarse de maravilla. Cuando salían a pasear, por ejemplo, el jorobado guiaba al ciego y el de- go ayudaba a caminar al jorobado. Y lo mismo sucedía en casa. Mientras el jorobado hacía collares y pulseras artesanales que luego vendía en la parada del mercado, el ciego se encargaba de todos los trabajos de la casa: limpiaba, lavaba la ropa, cocinaba y todo lo demás.
Así vivieron unos cuantos años. El jorobado iba ahorrando lo que ganaba con sus ventas y el ciego iba manteniendo la casa limpia y ordenada. Se puede decir que los dos amigos convivían en perfecta armonía.
Pero un día el jorobado pensó: ”Estoy envejeciendo, no podré trabajar mucho más. Pierdo la vista y mis dedos no son tan ágiles como antes”.
Y entonces se preguntó: “¿Qué voy a hacer con el dinero que he ahorrado en todos estos años? ¿Por qué tengo que compartirlo con el ciego si he sido yo quien lo ha ganado? Este dinero tendría que ser sólo para mí. Aunque también es verdad que el ciego es amigo mío y por eso debería compartirlo con él... No sé qué hacer...”.
El jorobado no paraba de darle vueltas y vueltas al tema.
Hasta que una tarde, al llegar a casa, le dijo al ciego;
—Viniendo hacia aquí he pasado por el mercado y he comprado un pescado fresquísimo. Pero resulta que me ha salido un compromiso de última hora y mañana no podré quedarme a comer. Aunque eso no es problema, amigo mío, ya que puedes comértelo tu, que a mí lo que me hace feliz es saber que serás tú quien lo va a disfrutar.
—Caramba, muchas gracias —le respondió el ciego—. Me lo cocinaré con verduritas a la cazuela mañana para comer.
Al día siguiente, el ciego se levantó de muy buen humor. No pasaba todos los días que uno podía comer un buen pescado. Dedicó la mañana a hacer las tareas domésticas y, hacia el mediodía, comenzó a prepararlo.
Lo primero que hizo fue ponerla olla al fuego, luego tiró un chorrito de aceite y después unas cuantas verduritas del huerto. Y esperó un poco a que estuvieran bien doraditas antes de poner el pescado.
— ¡Esto va a estar de rechupete! —exclamó mientras dejaba la olla al fuego haciendo chup-chup.
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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Lun Nov 24, 2008 12:37 am

Pero pocos minutos después, cuando estaba poniendo la mesa, el ciego empezó a notar un olor realmente extraño.
— ¿Qué es este olor tan raro? —Se preguntó mientras intentaba localizarlo abriendo y cerrando las aletas de la nariz—. ¿De dónde vendrá?
El ciego metió las narices por todos los rincones de la casa sin acabar de localizarlo. Mientras, dolor se hacía cada vez más insoportable.
Tras recorrer todas las habitaciones, el ciego entró en la cocina y comprobó con sorpresa que el mal olor salía del interior de la casuela.
— ¿Qué cosa más rara? —Dijo toda vez que ponía la nariz justo encima de la olla—. Sí, sí, no hay duda, el olor sale de aquí
El ciego acercó la nariz cada vez más sin poder ver que la cazuela soltaba una espesa humareda. Y tanto la acercó que acabó por entrarle en los ojos. ¡Bueno, no veas cómo picaba! Al pobre hombre le caían mejillas abajo unos lagrimones enormes. Pero lo que nunca se pudo imaginar es que, cuando logró abrirlos de nuevo, sus ojos volvían a ver.
— ¡Veo!—gritaba loco de alegría.
Ya lo creo que podía ver. Aunque lo primero que vio no le gustó nada; descubrió que dentro de la cazuela no había pescado fresco sino que lo que había eran serpientes venenosas.
Inmediatamente se dio cuenta de todo: el jorobado había intentado envenenarle. Pero pensó que también había conseguido hacerle un gran bien ayudándole a recuperar la visión.
— ¿Y ahora qué hago? —se preguntó—. Porque es cierto que el jorobado ha intentado matarme, pero también es cierto que gracias a ello mis ojos pueden volver a ver.
Al final pudo más el enfado que la alegría y el ciego decidió vengarse. Pilló el bastón más grueso que tenía y se escondió en el rincón más oscuro a la espera de que el jorobado regresara a casa.
El jorobado llegó cuando ya ende noche. Abrió la puerta y entró en la casa con pies de plomo, ya que no sabía qué se iba a encontrar.
— Hola, ¿hay alguien en casa? –preguntó cuando llegó al comedor.
Al oírlo, el ciego abandonó su escondite y le pegó tal bastonazo en la espalda que el jorobado se puso recto de repente.
— ¡Mi joroba ha desaparecido!—exclamó llorando de alegría—. ¡Mi espalda está recta ¡Gracias, gracias!
Los dos amigos habían intentado hacerse daño el uno al otro; pero lo único que habían conseguido era hacerse un favor mutuamente. El ciego había recuperado la vista y el jorobado había perdido la joroba.
Aquella misma madrugada, los dos amigos se sinceraran explicándose todos sus sentimientos. Se pidieron perdón una y mil veces prometiéndose que nunca más intentarían hacerse daño, Y así fue cómo el ciego y el jorobado siguieron viviendo juntos en aquella casa hasta el fin de sus días. Pero lo más importante que consiguieron es que su amistad fuera más fuerte cada día.
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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Lun Nov 24, 2008 11:30 am

No voy a ponerme al día nunca mas ... esta tarde leeré mas ...
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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Lun Nov 24, 2008 3:31 pm

El rey y sus dos hijas
(Texto de Bangladesh)

Había una vez un poderoso rey que gobernaba un país muy rico. El Rey tenía dos hijas, la mayor era muy inteligente. La menor era muy sincera.
El rey se sentía tan orgulloso de ellas y tanto las quería que las consideraba el tesoro más preciado de todo su reino.
Un día, picado por la curiosidad, quiso saber si él era correspondido por ellas y las mandó llamar a la gran sala del palacio.
Momotaj y Nurjahan acudieron presurosas, y algo preocupadas. Pues no era muy habitual que el rey, su padre, las llamara a presentarse en la sala que normalmente utilizaba para importantes asuntos de estado.
Una vez ante él, se inclinaron respetuosamente y dijeron:
—Aquí estamos, padre ¿Cuál es el motivo por el que nos has mandado llamar?
El rey al verlas tan hermosas, se llenó de orgullo. Y al contemplar sus rostros preocupados, sonrió de manera tranquilizadora.
—No temáis, hijas mías —dijo—. Sólo quiero haceros una pregunta.
—Dinos, amado padre —comentó Momotaj, la mayor—. ¿Qué pregunta es ésa? Trataré de responderla con toda la cultura que me habéis enseñado
—Y yo —añadió Nurjahan, la menor— intentaré responderos con la sinceridad que me habéis inculcado.
El rey Omar, complacido, se rió abiertamente.
Al cabo de un rato, dirigiéndose a la mayor, preguntó:
—Momotaj, dime, ¿cuánto me quieres?
La hija mayor, sorprendida, pensó rápidamente en algo que pudiera complacer a su poderoso padre. Y como era muy lista, recordó que al rey lo que más le gustaba de este mundo eran los dulces, que siempre deseaba comer más y más cosas dulces, y supo que ésta era la respuesta.
- Y, Momotaj, con voz firme, dijo:
—Padre mío, yo os quiero como a los dulces.
El rey al oír su respuesta, se puso muy contento pues, como sabemos, los dulces eran muy importantes para él y los apreciaba mucho.
Satisfecho, preguntó a continuación a su hija pequeña:
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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Lun Nov 24, 2008 3:32 pm

—Y tú, Nuijahan, dime, ¿cuánto me quieres?
La hija menor del rey no tardó ni un segundo en contestar. Abrió su corazón y, con toda sinceridad, dijo:
—Padre mío, yo os quiero como a la sal.
El rey Omar de repente, alteró la expresión de su rostro y, muy enfadado, exclamó:
— ¡Hija desagradecida! ¿Me quieres como a la sal, una cosa insignificante que no me gusta ni a mí ni a nadie de mi reino?
Nuijahan, temblorosa por la ira que demostraban las palabras del rey, titubeó un instante antes de responder. Sin embargo, como ella consideraba la sal algo muy valioso, decidió mantener su respuesta.
Y, con todo el valor que consiguió reunir, dijo en voz muy baja:
—Sí, padre. Os quiero como a la sal.
El rey estallando de cólera, llamó a sus soldados a gritos.
—¡Qué venga mi guardia personal de inmediato!
Los aguerridos soldados acudieron obedientes en un abrir y cerrar de ojos y rodearon a las dos princesas mientras Nuijahan miraba asusta da a su hermana mayor.
Entonces, el rey Omar, señalando a la hija menor, dijo furioso
—Llevaos a esta hija mía tan desagradecida de mi presencia y dejadla en un bosque para que viva abandonada el resto de sus días.
—¡Padre! —Sollozó Nurjahan al borde del desmayo.
Pero el rey Omar, sin hacer caso de sus lágrimas, se mantuvo inflexible en su castigo y los soldados se llevaron a rastras a la pobre princesa Nurjahan que lloraba desconsoladamente.
Una vez fuera de palacio, los soldados cabalgaron hasta un bosque perdido en los confines del reino. Y allí, cerca de una tenebrosa cueva, abandonaron a la menor de las dos princesas y emprendieron el camino de regreso a palacio.
Triste y desvalida, Nurjahan se quedó sola.
Pasó un día, pasaron dos… y la princesa, sin comer, pues no tenía casi fuerzas, sintió que un oscuro porvenir le aguardaba sino reaccionaba pronto. Entonces, decidida no dejarse abatir por la pena, comenzó a buscar alimento por el bosque. Así, poco apoco, fue encontrando fresas, cerezas, frutas muy dulces que, al comerlas, le fueron devolviendo las energías. Y luego, se dedicó a poner en condiciones la cueva. La limpió, se preparó una especie de lecho con las hojas de unos arbustos e hizo de manera para que le resultara lo más confortable posible.
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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Lun Nov 24, 2008 3:33 pm

Una noche, mientras Nurjahan intentaba dormir, un príncipe de otro país cruzaba el bosque a caballo con su séquito cuando, de pronto vio una luz brillante que salía de la cueva. Al acercarse, extrañado, comprobó que la luz era el reflejo de la luna sobre el vestido y las joyas que alguien había dejado colgadas en la entrada.
— ¿De quién será este vestido y esas joyas? —se preguntó el príncipe.
Mandó detener al cortejo y desmontó.
—Iré ahí dentro a ver a quién pertenecen —dijo.
—Tened cuidado, príncipe —advirtió uno de sus soldados.
Sin hacer mucho caso, el príncipe se dirigió a la cueva. Y al traspasar el umbral, descubrió durmiendo a la muchacha más bella que nunca habían contemplado sus ojos.
Tan extasiado estaba por la belleza de la muchacha que al príncipe se le escapó un suspiro de admiración y ella se despertó de golpe.
— ¿Quién sois? —preguntó asustada—. ¿Que queréis de mí?
—No temáis —la tranquilizó él.
Y comenzó a contarle quién era y cómo la había encontrado.
Nurjahan, con el corazón palpitando, pues ya se había enamorado del joven con la mirada más dulce que jamás había conocido, le explicó:
—Mi padre me abandonó en el bosque porque le hice una cosa mala.
— ¿Qué le hicisteis? —quiso saber el príncipe con el corazón también desbocado ya que sentía lo mismo que ella—. ¿Que cosa fue ésa?
Ella se lo contó sin decirle que su padre era un rey. Y el príncipe, que ya no era capaz de pensar en nada más que no fuera en Nurjahan, la convenció para que lo acompañara a su país. Y a su país se marcharon.
Al llegar, el príncipe Mahamud, que así se llamaba, corrió a presentársela a sus padres que se pusieron muy contentos al conocerla, ya que vieron que Nurjahan era una buena chica y que el príncipe estaba muy enamorado. Y la aceptaron de tan buen grado que la boda se celebró enseguida y por todo lo alto. Por el país entero corrió la alegría por la nueva pareja.
Y Nurjahan y Mahamud vivieron muy felices.
Un día, el rey Omar, que por entonces se sentía muy triste por haber perdido a la más pequeña de sus hijas, salió de caza. Y caminando, caminando, se fue alejando sin darse cuenta. Más tarde, agotado, quiso des cansar un poco cuando vio, a lo lejos, un palacio muy grande.
—Mira, mira —se dijo—. Es lo’mnico habitado que hay por aquí. Y se acercó al palacio para que le dieran algo de comer.
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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Lun Nov 24, 2008 3:33 pm

Se detuvo a las puertas y pidió que le ayudaran, les explicó que era el rey de otro país y que se había perdido.
La noticia llegó a oídos del rey Shajan, que era el padre del príncipe Mahamud, y accedió enseguida a prestarle ayuda permitiéndole la entrada. Luego, hizo que le acompañaran hasta sus estancias y que le dieran comida, bebida y alojamiento. Y mientras aguardaba, el rey Shajan llamó a la reina y a la princesa Nurjahan.
— ¡Venid a conocer a un rey de otro país! La reina acudió con rapidez.
Pero la princesa Nurjahan se quedó detrás de la puerta y, por una rendija atisbó dentro y vio que se trataba de su padre. Quieta, sintió alegría por verle de nuevo y desazón al recordar que había ordenado abandonarla.
Sin moverse, decidió no salir a enfrentarse con él. Entonces, el rey Shajan le dijo:
—Nurjahan, prepara la comida que invitaremos al rey Omar a nuestra mesa, pues está hambriento después de todo un día sin comer.
—Bueno —dijo Nuijahan—, yo prepararé la comida para él si eso es lo que deseáis.
—Sí, éstos son mis deseos —confirmó el rey Shajan.
—Pues así lo haré —obedeció la princesa.
Y se dispuso a preparar una comida donde todos los alimentos fueran dulces, muy dulces, ya que sabía que a su padre era así como le gustaba.
Luego, hizo que se la sirvieran. Y todos los platos eran dulces.
El rey Omar, hambriento después de todo un día sin comer, se puso muy alegre al probar la abundante comida. Y tanto dulce le encantó.
Al día siguiente, el desayuno, que también se lo había preparado su hija Nurjahan, era muy dulce, pero muy, muy dulce.
Y el rey Omar se lo comió disfrutando como un chiquillo.
Y al mediodía, la comida también era muy, muy dulce.
Y la cena.
Pasaron dos días, tres. Y los platos eran siempre dulces, muy dulces.
Entonces, el cuarto día, al ver que la comida volvía a ser dulce, muy dulce, el rey Omar se dijo que ya estaba cansado de comer tanto dulce, que ya no podía más, y deseó marcharse a su país.
Sin pérdida de tiempo, le comunicó sus deseos al rey Shajan.
—No, no —dijo el rey Shajan—, no os podéis marchar. Tenéis que quedaros siete días con siete noches en mi palacio. Es la tradición. Y si no lo hacéis así, la mala suerte se abatirá sobre nosotros diez años.
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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Lun Nov 24, 2008 3:35 pm

¿Acaso es esto lo que pretendéis? ¿No sería lo mismo que declararnos la guerra? Pensad: ahora somos amigos y nuestros países necesitan nuestra amistad. ¿Queréis cambiar las cosas?
El rey Omar se quedó pensativo. Lo último que necesitaba su país era una guerra. Pero estaba harto de tanto dulce ¡Y claro, no le podía decir al rey Shajan la verdad para no ofenderle. Estaba atrapado!
— ¿Qué. no os gustan nuestros manjares? —preguntó el rey Shajan.
—No, no es eso. Todos son excelentes —dijo el rey Omar muy a su pesar—. La comida es propia de un gran rey, muy buena.
Y aunque aborrecía ya todo lo dulce, decidió callar y permanecer en el palacio con tal de no provocar males mayores.
Pasaron tres días más y, cada vez que le servían la comida, al ver el dulce en todos y cada uno de los platos se le removían las tripas y se sentía incapaz de dar bocado. Se limitaba a dejarla tal y como se la presentaban, sin probarla, diciendo que no tenía hambre y sin atreverse a pedir otro tipo de alimentos por temor a ofender al rey Shajan.
El séptimo día, el que por fin iba a ser el último, la princesa Nurjahan hizo otro tipo de comida para la velada de despedida del rey Omar. Esta vez preparó una normal, de diferentes sabores, todos exquisitos y variados, abundantes y deliciosos. Y claro, el rey Omar, que llevaba tres días sin comer, comió de todo con mucho apetito y descubrió una gama de sabores que hasta ese momento desconocía y lo muy buenos que podían resultar.
Escondida detrás de la puerta, la princesa Nurjahan observó a su padre comiendo y cómo disfrutaba con los nuevos platos.
Al acabar, el rey Omar preguntó al rey Shajan:
— ¿Ha preparado esta comida tan sabrosa?
—Mi nuera —respondió el rey Shajan—, la mujer de mi hijo Mahamud. Ella ha sido quien os ha preparado esta comida y también la anterior, la dulce.
— ¡Sí! —Exclamó el rey Omar—. ¡Pues hacía muchos años que no probaba comida tan deliciosa y rica! Desearía conocer a vuestra nuera.
El rey Shajan, halagado por el entusiasmo de su invitado, llamó a la princesa Nurjahan y le dijo:
— Aquí, que te presentaré a un rey amigo que desea conocerte.
La princesa salió de detrás de la puerta y entró en la sala. Fue hasta la mesa donde estaban sentados los dos reyes e inclinó la cabeza. Luego, con serena cortesía, saludó a su padre.
—Mis saludos, rey Omar —dijo ella.
—Así que eres tú la gran cocinera —dijo su padre sin reconocerla. Había pasado mucho tiempo y la princesa estaba muy cambiada. Luego añadió: pues la comida ha sido excelente, la más rica que he probado.
—Gracias, ya he visto cómo la habéis disfrutado con gran apetito.
—Sí, sí —murmuró el rey Omar deseando que nadie m hubiera notado el hambre con que había comido—. Me lo ha despertado tu talento para combinar los sabores. Jamás había probado nada igual.
Entonces, la princesa Nurjahan, aclarándose la garganta, dijo:
—Padre, todavía os quiero como a la sal.
En el rostro del rey Omar se dibujó la más absoluta de las sorpresas.
—Preguntó con asombro— ¿Qué dices?
—Padre, soy vuestra hija menor, la princesa Nurjahan —declaró—. Y todavía os quiero.
De pronto, el rey la reconoció y, levantándose de un salto, corrió a estrecharla entre sus brazos, pues durante todo ese tiempo no había pasado ni un solo día sin echarla de menos. Arrepentido de su acción, la abrazó emocionado mientras se daba cuenta del error cometido: que el secreto de la felicidad no reside en una sola cosa sino en el equilibrio de varias diferentes.
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Tú eres Tú.
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas
Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tú eres Tú
Yo soy Yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos
Será maravilloso
Si no, no puede remediarse.
Falto de amor a Mí mismo
Cuando en el intento de complacerte me traiciono.
Falto de amor a Ti
Cuando intento que seas como yo quiero
En vez de aceptarte como realmente eres.
Tú eres Tú y Yo soy Yo.

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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Mar Mar 10, 2009 2:09 am

El espejo del cofre

A la vuelta de un viaje de negocios, un hombre compró en la ciudad un espejo, objeto que hasta entonces nunca había visto, ni sabía lo que era. Pero precisamente esa ignorancia lo hizo sentir atracción hacia ese espejo pues creyó reconocer en él la cara de su padre, que habia muerto años atras. Maravillado lo compró y, sin decir nada a su mujer, lo guardó en un cofre que tenían en el desván de la casa. De tanto en tanto, cuando se sentía triste y solitario, iba a “ver a su padre”.

Pero su esposa lo encontraba muy afectado cada vez que lo veía volver del desván, así que un día se dedicó a espiarlo y comprobó que había algo en el cofre y que se quedaba mucho tiempo mirando dentro de él.
Cuando el marido se fue a trabajar, la mujer abrió el cofre y vio en el a una mujer cuyos rasgos le resultaban familiares pero no lograba saber de quién se trataba. De ahí surgió una gran pelea matrimonial, pues la esposa decía que dentro del cofre había una mujer, y el marido aseguraba que en este estaba su padre.

En ese momento pasó por allá un monje muy venerado por la comunidad, y al verlos discutir quiso ayudarlos a poner paz en su hogar. Los esposos le explicaron el dilema y lo invitaron a subir al desván y mirar dentro del cofre. Así lo hizo el monje y, ante la sorpresa del matrimonio, les aseguró que en el fondo del cofre quien realmente reposaba era un monje zen.

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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Mar Mar 10, 2009 1:05 pm

leí un par nomás, algunos están muy buenos pero el de "todo es para bien" no me convenció mucho. a alguno le pasó lo mismo?
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MensajeTema: Re: Cuentos asiáticos   Hoy a las 3:34 pm

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